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Canciones de cuna

    Una de las primeras manifestaciones musicales de la humanidad, similares en todas las culturas son las canciones de cuna, llamémoslas nanas, arrorrós, rurrupatas, arrullos,… Son parte del folklore en cualquier parte del mundo. Griegos, romanos, esquimales, indígenas americanos,…

    Anónimas, de herencia oral generación tras generación, consideradas siempre necesarias para el buen desarrollo físico y emocional de nuestro bebé. Su tranquilidad mientras duerme significa buen estado de salud. Por el contrario el llanto, el sobresalto, problemas para dormir e insomnio, son considerados  un signo de enfermedad.  Cada breve canción fluye tranquila e instintiva para dormir dulcemente a nuestro bebé cuando éste no quiere hacerlo.

    canciones de cuna

    Canciones de cuna: miedo, amor y poesía

    Son canciones que tienden un amoroso puente entre la vigilia y el sueño, que conduce rítmicamente hacia la tranquilidad necesaria para conciliarlo.  Poemas cantados que trasmitían miedo y amor, sobre temas del país, angustias familiares, típicas de las canciones más antiguas. ¡Fuera los malos espíritus! La noche siempre fue asociada con la oscuridad y el miedo. Le dicen  al niño que «ha hecho mucho ruido, que despertó al demonio, y si no se calla de inmediato, se lo comerá». «El Coco» del siglo XXI.

    Pero todas las nanas, incluso las atemorizantes, se enraízan en el amor, la ternura y el cuidado. «Balancéate, balancéate, balancéate» inicia una del pueblo Luo de Kenya, antes de amenazar diciendo «al niño que llora se lo comerá una hiena». Circunstancia que aún puede ser real en algunas zonas del país.

    El hecho es, que según  milenios de evolución y muchos estudios científicos, las nanas son un maravilloso recurso para tranquilizar a nuestro bebé inquieto. Muchos los poetas que se inspiraron en ellas… Antonio Machado, Juana de Ibarbourou, Amado Nervo, Gabriela Mistral, Miguel Hernández, Gabriel Celaya y muchos otros.

    Tienen algo mágico, hipnótico, que trasmite serenidad, quizás porque responden a un único patrón rítmico… que semeja  los sonidos dentro del útero materno, y calma a nuestro bebé. Tonos y ritmos repetidos, un compás de 6 por 8, que balancean y aquietan.

    Música desde el vientre

    Desde las 26 semanas del embarazo, su oído ya reconoce y aprecia tu tono de voz, y esos ritmos. Por eso es bueno cantarles desde entonces. «Canciones para el día y la hora en que el niño tiene ganas de jugar», decía Federico García Lorca, en una conferencia en 1928.  Así que ya en tus brazos, arrullándole, que escuche nuestro corazón y tararearle una melodía, es mágico y medicinal para madre e hijo. Sincroniza y desestresa.

    Pero la tecnología y el incremento de la comunicación en pleno XXI, atentan contra la supervivencia de las canciones de cuna. Ya la gente no se reúne para cantar y contarse historias.

    Por falta de tiempo hemos recurrido a cantidades de aparatos nuevos para entretener y calmar a los niños. Sin embargo, las canciones de cuna siguen vivas, desde China hasta París, de Kenya a Marruecos.


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    Definitivamente, hay algo intrínseco en el momento de dormir a un bebé, que hará que las nanas sobrevivan a todos los tiempos. Son algo universal, pertenecen al instinto natural de la maternidad, llevamos la música en los genes. Siempre nos gustarán.

    ¿Ventajas científicas y emocionales?

    Todas. Estudiado extensivamente, es categórico que cantarles nanas es maravilloso.  Al acunarlo,  mirarle a los ojitos, sintiendo tu respiración cerquita,  estableces un vínculo con tu bebé. Le aportas confianza y seguridad.

    La música tranquiliza. Según estudios, los bebés prematuros reducen su ritmo cardíaco, mejoran su alimentación y su sueño, al escuchar canciones de cuna, lo que favorece su pronta alta. Un bebé estimulado con música experimenta mayor desarrollo intelectual y mejor evolución emocional.

    Otros beneficios de las canciones de cuna

    • Mayor empatía entre padres y bebé. Cantarle suavecito mientras lo abrazamos y observamos, le hace sentir lo especial que es.
    • Desarrolla su audición, coordinación, concentración y motricidad. Interpretando cada palabra, meciéndolo. Un recién nacido distingue entre su idioma materno y otro, diferenciando el tono y el ritmo. De dos meses, recuerdan melodías breves. Inclusive, reconocerá la que solías cantarle estando dentro de ti, y ésta lo calmará y relajará.
    • Nos transporta a nuestra propia infancia. ¿Recuerdas a tu abuelita cantándote «arrorró, mi niño…» o «Estrellita ¿dónde estás…?» Pues las nanas pertenecen a la memoria a largo plazo, fijas en los recuerdos más bonitos de la niñez, y los revives.
    • Profundo desarrollo cerebral y del lenguaje. Repitiendo las frases, amplían vocabulario y su cognición del mundo, como con los cuentos.  Favorece nuevas habilidades motoras y sociales.
    • Conexión cultural. Son parte de un repertorio cultural que nos conecta con nuestros mayores, valores sociales y tradición, hermana con nuestros coterráneos.

    ¿Y cuál es la mejor nana…?

    La que te plazca. Sin limitarte sólo a las canciones de cuna, puedes hacerle escuchar lo que sientas que a él le agrade. Incluso canciones divertidas.  Siempre y cuando no sea algo demasiado estridente, si quieres dormirlo, por supuesto.  Cántale sin preocuparte de cómo suenas, porque él estará encantado de que le prestes atención. Si no, entonces ponle música al acostarlo, con una canción específica, que él relacione, sin tú salir de la habitación. Apágala antes de que duerma profundamente.

    Música clásica, música new age, música infantil…la que sea, con tal sea armoniosa, suave, agradable.  Las de ritmo lento y acompasado, son las ideales para dormir. Si retomas los grandes éxitos familiares, o prefieres Internet, la variedad es inmensa. Puedes encontrar cd’s instrumentales o cantados, libros y cancioneros con cd’s incluidos, Efecto Mozart para dormir, móviles con nanas… lo que quieras.