Cómo aprovechar el packaging para hacer manualidades

La crisis (y el aburrimiento) agudizan el ingenio. Es por eso probablemente por lo que durante los meses de confinamiento fueron muchas las parejas que se dedicaron a hacer manualidades con sus hijos. En una sociedad acostumbrada a funcionar a golpe de clic, tanto para los mayores como para los pequeños, poder crear algo con sus propias manos genera una especie de orgullo y satisfacción por la hazaña.

A la vez que se potencia la imaginación, también se traslada otro valor muy importante en estos tiempos que tiene que ver con el reciclaje y el reutilizo de cosas que, anteriormente, se hubiesen tirado sin más. Así, se aprovechan los embalajes como los de Embaleo y otras marcas que pueden llegar a nuestras casas en forma de pedidos y paquetes.

El uso de témperas, papel de pinocho, lanas y otros objetos que pueden servir para decoración harán que se pueda llevar a cabo toda una creación digna de terminar en Arco. En este sentido, es importante dejar a los niños que utilicen su propia imaginación y sólo guiarles y ayudarles en los aspectos más técnicos como cortar o pegar.

Es sorprendente cuántas cosas maravillosas pueden salir de la mente de un niño. Ya se ha visto con creces con los rollos de papel higiénico, uno de los materiales top ten de la temporada 2020-2021, pero se puede aprovechar cualquier cosa: desde un cartón de leche, un vaso de yogur o sobres acolchados.

El papel de burbujas, un gran tesoro

En relación a los sobres acolchados estos tienen un valor muy cotizado por grandes y pequeños: el papel de burbujas. Muchos lo utilizan sólo para explotarlas y se deshacen de él, pero se puede aprovechar para pintar con témpera cada burbuja y hacer un collage abstracto o hacer un mar para peces de cartón.

Pero las manualidades no sólo van a orientadas a sí mismas, pueden servir a otros. Hacer un impermeable de burbujas o un gorro para lluvia a una muñeca, simular la pista mojada en una carrera de coches o hacer un monedero. El límite está en la cabeza de cada uno.

La precisión que requiere este papel viene bien para mejorar la capacidad de concentración, desarrollar la paciencia y fomentar el afán de superación. En este sentido, todo lo que conlleva un cierto trabajo, si este sobre todo está asociado con la diversión, genera endorfinas que son las hormonas de la felicidad y que fortalecen el sistema inmunológico.

Si bien en los años 90 los recortables y los cromos estaban a la orden del día, ahora parece que todo eso está olvidado. Es posible que la pandemia haya traído consigo también una cierta llamada a la vida más lenta, a apreciar lo sencillo.

De momento, el papel de burbujas lejos de ser destronado ha pasado a otra categoría. Se ha profesionalizado y se vende, con distintas formas y de silicona, como un objeto antiestrés para los niños.

En cualquier caso, no hay que olvidar su noble origen y hacer volar la imaginación para construir mundos distintos sigue siendo esencial para el desarrollo emocional y social de los más pequeños.

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